miércoles, 8 de febrero de 2012

No entiendo como nunca había pasado de leer las primeras paginas del prologo introductorio para "De Profundis". Ahora me resulta exquisito poder encontrar a un Oscar Wilde maduro y viviendo su propia tragedia tejida por sí mismo. Pero va más allá que solo el sazonar del alma y el envejecer de la carne, sino la verdad harta y funesta de vivir y reponerse del exceso. Me encanta. A veces no puedo evitar sentirme ridículo... es extraño como de cierta manera siento que también  viví un romance con un amigo tan parecido a Lord Alfred Douglas.
Aire egòlatra, perfectamente encantador...
Solo para acrecentar el vacío ,
y esconder el propio.

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